martes, 12 de abril de 2011

Crónica de un día anunciado

Llegar a la oficina se ha vuelto tan monótono como leer el diario. Mi jornada se limita a llegar, encender mi iMac, revisar los e-mails que han llegado durante la noche -porque no tengo BlackBerry-, y esperar las excusas que me dará la recepcionista cuando llegue entre 5, 10 y 15 minutos atrasada -en uno que otro caso crónico, hasta media hora-.

Es a las 9:00 cuando juzgo que será apropiado comenzar mi día. Después de decir el último "Pero que sea la última vez" -que obviamente no será la última vez ni del día-, puedo abrir tranquilamente Adobe CS5, Adium, iTunes, Socialite, y revisar la bandeja de pendientes. Normalmente encuentro dos o tres órdenes que, contrariamente a lo que he dispuesto, han sido ingresadas después de las 17:00, y, después de volver a llamar la atención sobre la hora máxima de ingresar órdenes, regreso a mi escritorio.

Después de revisar las mentions y contestarlas, me doy cuenta que ya el reloj ha avanzado media hora y de que no puedo postergar más el trabajo. Comienzo a trabajar, y cuando me despego del monitor para contestar la puntual llamada de la esposa que me pregunta cómo va una de mis contínuas enfermedades -ya sea la migraña, la gripa, el dolor de la espalda, etc.-, me doy cuenta de que tengo cerca de 650 mensajes en twitter y algo así como 30 actualizaciones en facebook. Y sin contar los 10 e-mails que olvidé contestar en la mañana. Y son ya las 12:00. presiono 'cmd+S', me levanto, me estiro, me doy un par de vueltas y cuando me vuelvo a sentar, de nuevo a twittear un momento.

Cuando dejo de twittear, ya es hora de almorzar. Posteo "#Lunchtime, #TwitterOff" y nos vamos de almuerzo. Cuando son ya las 14:30, volvemos al ruedo. Y de nuevo he acumulado cerca de 1,500 mensajes en twitter, a los de facebook ya ni atención les presto. Simplemente presiono 'Mark all as read' y sigo con el trabajo. El trabajo en la tarde se torna tan monónoto, que cuando me doy cuenta, entre twitteo, facebookeo, msn y sms, se ha pasado la tarde.

Cuando llegan las 17:00, me levanto a gritar q no tome una orden más con fecha de hoy, que las ingrese mañana. Cuando me siento, Illustrator no responde. Con un suspiro, busco en el menú de aplicaciones 'Force quit Applications'. Y también no responde. Ese es el momento del día en que todo se vuelve color de hormiga y quisieras cobrar venganza por todas las cagadas que el mundo ha hecho sobre tí. Y de remate llega justo un cliente a pedir "un trabajito sencillo, pero para ayer -que la recepcionista interpreta literalmente y le pone fecha de entrega de 12 horas-". Luego de tres o cuatro maldiciones, Force quit Applications responde, pero Illustrator también.

Resulta que el "trabajito sencillo" ha sido un folleto de 48 páginas, con ilustraciones a full color, diagramado en Microsoft Publisher -y a las 6 pm, volar al cyber a buscar una PC con Publisher-, y con unas imágenes que dan pena. Y lo que más te enoja es que cuando le llamas al cliente a contarle lo complicado que resulta entregarle mañana a las 9:00 el trabajo, recibas como respuesta "no sea maliiiito, ayúdeme que el trabajo es para presentar mañana a primera hora, es de mi hijo pero se ha olvidado de hacerlo el condenado".

Y llegadas las 21:00, sin una recepcionista que se fue puntualmente a las 18:00 sin acolitar a arreglar en algo la tragedia horaria que ayudó a ocasionar, te llaman para preguntar si piensas llegar a dormir a casa. Y con una voz somnolienta, cansada, y que trata de demostrar que estás feliz aunque estés comido cemento por dentro, contestas que en media hora. Cuando terminaste, te diste cuenta que son las 22:30 y que no vas a poder tomar el autobús ni queriendo porque la línea que pasa por tu casa circula sólo hasta las 22:00. Y con esa cara de cansancio, pocos amigos, te ves en la obligación de salir a la calle y llamar un taxi.

Y lo peor de todo es que, aunque por fuera dices "me lleva la chingada" o "mañana le pongo multa", por dentro estás satisfecho, porque aunque te guste o no, hiciste tu trabajo, y lo hiciste bien. Y mientras vas a casa, esbozas una sonrisa al saber que mañana, las cosas serán iguales.

Y así, sin más...

Suelo ponerme trágico a veces. Creo que simplemente es la consecuencia de estarme metiendo antigripales cada 6 horas. Pero sin más miramientos, vamos a blogguear antes de que se me termine la batería -no la del Mac, sino la cerebral-, y me quede como ayer, rezongando que no tengo ideas.

Aunque a 20 metros de mi oficina hace un solazazaso, acá dentro siento frío. Ni con la famosa camiseta térmica que compré para acompañar la camiseta de mi equipo favorito puedo sentir un poquito de calor. Y así, sin más, ando cavilando[1] de qué mismo escribir.

Con una música medio melancólica de fondo, que me recuerda un capítulo de 'The Simpsons, empiezo a teclear. Y maldigo haberme lavado las manos al salir del baño, pues andan entumecidas y sin querer responder. Y de pronto ¡zas! el chispazo que indica que ya tengo un tema del cual hablar. Y mi historia, va a manera de novela para el siguiente post.

[1] Cavilando: Dícese del término exacto, formal y apropiado para el ecuatorianismo "Cranear"