
Escenas como éstas, se viven a diario en las urbes, grandes y pequeñas, de este terruño llamado Ecuador. Y lo peor es que no hay nadie que haga nada.
El día de hoy (30 de marzo), twitteaba con Johanna Cañizares, reportera de Teleamazonas, sobre este problema en el tránsito de la ciudad. Posteó esta imagen que ha provocado algo más que indignación en la gente.
Ciertos dueños de automotores, se creen los dueños de las aceras que normalmente sirven para que el mortal común y corriente, que no tuvo la suerte de ser dueño de un auto, o que tenga que salir al apuro a la tienda de al frente, o a almorzar, se movilice en su cotidianidad por la ciudad. Personalmente me ha tocado escenas como ésas, donde hay un carrazo en la acera y a uno le toca cuidarse para que el bus o el taxi no le pasen arrollando en la calle, o insultándole, en el menor de los casos posibles.
Ah, y acá viene la segunda parte de la trama: Uno intenta razonar con los dueños de los autos, diciéndoles que saquen el carro de la acera. ¿Y qué recibe uno a cambio? Conociendo a la belleza y cultura de nuestra gente, sí, una gruesa insultada, coadyuvada por la férrea convicción y argumento de que "están en su casa, y hacen lo que les dá la gana".
Y luego, claro está, la tercera parte y conclusión: El policía de tránsito que quiere multarte por caminar en la calle y no en la acera. OJO: No intentes razonar con ellos, ya que al parecer el peatón es sólo una especie de caja chica, sobre todo en las temporadas de fiestas.
Después de detallar la obra, pregúntome yo: Y el peatón, ¿Qué? ¿Acaso este pobre mortal que tuvo la mala suerte de pasar a la hora equivocada y al momento inoportuno es el causante de que al potentado le valgan pistola las leyes de tránsito? ¿Y qué hace la policía por solucionar el inconveniente? Nada. Les es más sano multar al peatón, que sancionar al potentado. Sobre todo cuando el auto mal estacionado es de lujo.
Señores que se apoderan de las aceras para parquear sus autos, sepan una cosa. Los peatones también tenemos derechos. Quizá no tengamos una Ford, una Chevrolet, un camión, pero los perjudicados somos nosotros. Y nadie hará algo al respecto.


