Hace 25 años aproximadamente, llegué al mundo V 1.0 -no sé si en calidad de software o malware, eso decídanlo ustedes, queridos lectores y followers-; y luego de una niñez y adolescencia fecunda y productiva -tradúzcase: #NERDmodeON- llegó el momento en decidir qué hacer en la vida. Las opciones eran: Ser hijito de papá y ser yo mismo. Cuando elegí, llegué a un mundo intermedio, lleno de color, ideas locas, donde importaba -porque ya no importa- más la calidad de las ideas que la cantidad. Me inicié como Diseñador Gráfico y Publicitario y Marketero.
Llevo ya 8 años en ese mundo (2003-2011), donde he tenido algunas de cal y otras de arena. Altibajos como en toda carrera, algo así como odiar a tu 'laburo' hoy y amarlo mañana. Y no puedo negar que, haciendo una retrospectiva, soy 100 veces mejor que aquel joven timorato al que un día lo sentaron frente a una Power Mac G3 y le dijeron "Me contaron que sabes algo de Illustrator. Aquí te quedas a demostrarme".
Pero no llego al fondo del asunto. Creatividad, ¿por qué? ¿Por qué no la carrera de papá, mecánica y refrigeración? ¿por qué no electrónica y telecomunicaciones, la carrera del cole? Créanme, a veces ni yo me lo logré explicar en mis inicios. Ahora, me lo explico y hasta logro convencer a mi suegro -quien me dice que mi trabajo 'no es trabajo de hombre, sino de maricón-.
Siendo honestos, debo admitir que nunca me gustó -ni me gustará, ya que estamos- el trabajo que exigiese fuerza física ni la habilidad de saber engrasarse hasta la última cavidad corporal -ahí está la razón de haber sido un nerd gordito-. Esa es la verdad. Sad but true. Por eso, preferí cultivar mi IQ en lugar de mis bíceps.
Otra razón es que tras culminar el cole, no encontré trabajo en Electrónica y menos en telecomunicaciones (ahora que lo pienso, ¿quién le daría trabajo serio en ramas tan críticas a un neobachiller?). Una prima acudió a mi auxilio y me ayudó a colocarme en la imprenta de su tía como pasante de diseño. Pensó que electrónica y diseño, ambas tenían que ver con computadoras. Y así, sin experiencia previa, sin tener NPI sobre el asunto, acepté. Y el resto es historia.
He tenido jefes buenos, malos, peores, y el actual; un negrero explotador llamado YO. Ahora decidí lanzarme al ruedo como freelance. No me ha ido económicamente tan bien, pero tampoco mal.
El diseño me ha dado mucho. Me ha ayudado a formarme como persona, me ha hecho viajar, me ha obligado a desarrollar una infinita paciencia -necesaria para lidiar con cierto tipo de clientes, esos difíciles, incomprensibles y que nada los satisface-, y sobre todo, me ha ayudado a seguir con otra de mis pasiones, la lectura. Y es que ser un ávido lector de publicaciones, libros, revistas, manuales sobre el tema, es obligatorio para mantenerse siempre actualizado.
Ya sea como diseñador publicitario, como director de fotografía, arte o creativo, e inclusive como marketero -mi profesión oficial-, la creatividad no es sólo un medio de vida para mi familia y yo. Es mi estilo de vida, es mi vida en sí misma. No concibo mi vida actualmente en otra ocupación. Incluso mi título de Ing. en Marketing y Negociación Comercial Internacional no me llama tanto la atención como mi profesión como creativo y fotógrafo. Vive la viè. Creativo soy, creativo moriré.
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